Crónica sin recortes: El PRI perseguido por sus fantasmas

*En el cambio de dirigente estatal basan su discurso en contra el PAN y Gobierno Federal

*No asumen la autocrítica y denostan a los municipios que ganó el PAN, “son chiquitos” dice Carvallo

Norma Trujillo Báez

Con un discurso triunfalista, sin autocrítica y los acostumbrados acarreados, anoche Jorge Carvallo Delfín entregó la presidencia del Comité Ejecutivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional a el ex titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Medio Ambiente, Ranulfo Márquez, en donde imperó la crítica hacia al gobierno federal y el Partido Acción Nacional.

            Desde un vestido de noche rojo hasta las camisetas regaladas en las pasadas campañas, se veía la “marea roja” y se oían las dianas de pueblo, en donde se pudieron mezclar con líderes que se decían de “oposición” o mejor dicho que habían pregonado el apoyo al candidato de la coalición Para cambiar Veracruz, allí estaban los fundadores del Frente Popular Francisco Villa en Veracruz y el líder del Movimiento de Unidad Popular, Enrique Pozos Tolentino, entre otros.

            Así priístas y neo priístas, en la Sesión Extraordinaria del Consejo Político del PRI, aplaudían la más mínima expresión de su líder saliente, quien se vanaglorió de haber triunfado en los municipios con más de cien mil habitantes y sin reflexionar que en esta ocasión el partido rojo tuvo su derrota en la elección de alcaldías, pero sí denostó al Partido Acción Nacional que sólo ganó los más pequeños, con menos de 50 mil habitantes, olvidándose que en estos municipios sus pobladores también son veracruzanos y muchos de ellos aún los gobierna el tricolor.

            Y con el pretexto del tiempo, Carvallo Delfín se dirigió a los más de 600 consejeros, que buscaban con qué soplarse para evitar las gotas de sudor, a quienes les pidió le autorizaran entregar su informe por escrito y entonces vino la renuncia, que también fue aceptada con júbilo por una gran parte de los presentes en el Museo del Transporte.

            Ante diputados federales y alcaldes electos, diputados locales, diputados federales, miembros del gabinete fidelista y priístas de antaño, Elvia Ruiz Cesáreo a nombre de los sectores del PRI, de los obreros, campesinos y organizaciones sociales, reprochó a quienes se habían ido, “ahora nos damos cuenta quienes simularon, nos hemos dado cuenta que algunos se fueron en busca de sus intereses”, palabras que indicaban a un grupo corear “petroleros con el PRI”, el fantasma de Gonzalo Guízar Valladares los persigue.

              Después de su largo discurso de alabanza al gobernador Fidel Herrera Beltrán y “gobernador electo” Javier Duarte de Ochoa, Ruiz Cesáreo propuso que a la dirigencia llegara un hombre con experiencia, con una gran trayectoria y capacidad política como presidente del Comité Directivo Estatal del PRI: Ranulfo Márquez Hernández.

            Los consejeros políticos aprobaron por unanimidad, lo que ya se sabía días antes y se había publicado el nombre del relevo, y como su habitual ritual, su requisto estatutario se cumplió, sin que hubiera otra propuesta, la mano de los consejeros se alzó sin que ni hubiera necesidad de contarlos lo que la engorrosa democracia obliga, y después de un receso de 10 minutos, entró el nuevo dirigente priísta, allí Jesús Medellín, delegado nacional del PRI le tomó protesta al ex titular de la Sedesma.

            Y entonces, ya como su dirigente, Márquez Hernández lanzó frases en contra del gobierno federal y contra el PAN y dijo que el país no ha cambiado desde que el PRI lo dejó de gobernar hace 10 años, en el año 2000, “ahí está la dotación de tierras a los campesinos en la etapa pos revolucionaria, la extensa red de salud, un país electrificado, los avances en materia educativa, la seguridad social de la que hoy gozan los mexicanos, las universidades públicas y la democratización de los proceso electorales, ahí están los programas sociales que siguen vigentes”.

            Pero a pesar que el gobernador horas antes había asegurado que no hay ningún problema, ni lo ha habido con el gobierno federal, su partido decía lo contrario: un gobierno con intenciones electoreras disfrazadas en un aparente combate a la pobreza, termina por ser un pobre gobierno, parafraseó.

            Y continuó el nuevo dirigente de los priístas: “ese gobierno se vuelve realmente miserable cuando su única estratégica para gobernar es una guerra; que nos ha bañado en sangre, ocasionando muerte y desolación en miles de familias mexicanas”.

            Por ello dijo que rechazan la política de encono que el gobierno federal ha impuesto en todos sus niveles de la vida política y social de nuestro país, “y esa noción de fascista de guerra total está pendiente en todas las acciones del gobierno de Felipe Calderón”.

            Regresando a su partido, agradeció a las células básicas el millón 400 mil votos obtenidos el pasado 4 de julio y propuso que el priísmo asuma un compromiso con la reivindicación de la cosa pública y realice una gestión que supere el desprestigio de la política y la desconfianza que padecen los políticos.

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