Los veracruzanos piden seguridad

 Norma Trujillo Báez

“Que se acabe la violencia, no pido nada para los que hicieron tanto daño a mi hijo y a mi nuera, yo pido que todos podamos vivir en una ciudad, en un estado, que tengamos tranquilidad”, entre llanto expresó Magdalena Santiesteban Torres, cuando se le rindió un homenaje a su hijo Fouad Hakim Santiesteban y a su nuera Irene Méndez Hernández Palacios y que luego, acompañada de 500 deportistas, intelectuales, investigadores, empresarios y amistades marcharon en silencio hacia la Plaza Lerdo para exigir seguridad.

            Vestidos de blanco todos, pidiendo paz, hombres, mujeres, niños, los jugadores de los Zorros Dorados, deportistas, rindieron un homenaje al matrimonio Hákim Méndez, del que destacaron que para Fouad “no existían las clases sociales”, porque le gustaba compartir con todos y a poyar a quienes gustaban del futbol americano, dijo el hermano menor de Fouad.

            Allí en el campo anexo al Quirasco, bajo los rayos del sol del atardecer, Magdalena Santiesteban, agradeció a los asistentes y en su mensaje pronunciado que provocó las lágrimas de los presentes, refirió “ahora me tocó a mí, pero no quiero que a nadie más le vuelva a pasar, es muy difícil vivir con una pena como ésta, yo les pido oraciones, quiero tener fuerza para seguir viviendo y los muchos o los pocos años que me quedan de vida para que mis nietos y los hijos, sobrinos, todos podamos vivir en una ciudad, en un estado que tengamos tranquilidad”

            Y siguió: “Lo único que quiero es eso, yo no pido justicia ni pido nada para los que hicieron tanto daño a mi hijo y a mi nuera, no sabían que era una pareja que estaba empezando con muchos planes, con muchos ideales, no se me hace justo para nada como los acribillaron que después de haber dejado que mi hijo viera como le destruían al amor de su vida se lo hubieran llevado a sufrir todavía más, lo hubieran acribillado aquí en la esquina o en la camioneta –señaló con su mano izquierda- no puedo dejar de pensar de lo que le hayan hecho y todo porque no fue un secuestro, no pidieron dinero, no sé la razón por lo cual me quitaron lo más preciado de mi vida”.

            Después vinieron las porras para el matrimonio sacrificado Hákim Méndez, para salir en una marcha hacia la Plaza Lerdo, en donde el silencio gritaba seguridad, las flores blancas pedían paz y las veladoras iluminaban el camino del cielo.

            Esa era la expresión de la otra parte de la sociedad, que a diferencia de los que piden un empleo, tierra para sembrar, becas, servicios, viviendas o cumplimiento a las promesas del gobierno, ahora ellos, los que no tienen esos problemas sumaban la solicitud de seguridad.

            Así hubo expresiones que se leían en cartulinas “¡No más crímenes impunes, marchamos por la seguridad y derechos de todos¡”, “Entiendo de gramática y lingüística, de asesinatos NO”, “¡Que no se politice la marcha, son los políticos en el poder los responsables de la violencia!, hasta la que inscribía “¡Quien nos acuse de panistas es cómplice o asesino¡”, o aquella que le pedía al gobernador “Fidel deja de gastar en propaganda para mantener el poder”.

             Al llegar a la Plaza Lerdo el silencio se rompió y en una sola voz se gritó ¡Seguridad¡ ¡seguridad¡, una fotografía de los jóvenes asesinados, una cruz de flores blancas y las veladoras, sellaron la manifestación en las escalinatas de la Plaza Lerdo.

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